Seamos optimistas
Cuando hablamos de ser optimista se nos viene el término que encontramos en cualquier libro o en internet, como que el optimismo es una actitud positiva que el ser humano que escoge ante una problemática o difícil situación por la cual atraviesa en un momento determinado de su vida, es una definición muy válida, pero no debemos dejar de lado el optimismo que tenemos gracias a Dios, porque sin él nada es posible.
El optimismo en Dios es ser fiel a sus promesas, el optimismo depende de nuestras actitudes y ejecuciones, cuando somos fieles a los valores, cuando actuamos de buena manera, cuando somos respetuosos, en todas estas acciones somos optimistas en fe, porque el serlo representa a una persona que creé en una solución, en una mejora, en que todo se acomoda por destino de Dios.
La persona optimista está llena de seguridad, capacidad, convicción, y transmite tranquilidad ya que siempre observa el lado positivo de las cosas, y se moviliza por buscar solución al problema. Dice un dicho “ayúdate que yo te ayudaré” esto quiere decir que debemos pedirle a Dios la ayuda, la fortaleza y el descernimiento para tomar las mejores decisiones, para elegir el camino correcto, para vivir según las enseñanzas de Dios.
El Señor levanta a los caídos y sostiene a los agobiados. Los ojos de todos se posan en ti, y a su tiempo les das su alimento…” Salmos 145:15-16. No habrá desamparo para los Hijos de Dios, no habrá final sin respuesta, no habrá pruebas ni situación sin socorro; el tiempo de la prueba y la situación puede ser larga, hasta de años, pero Dios tiene respuesta y Él tiene la última palabra.
No debemos ser pesimistas, un optimista e hijo de Dios ve una oportunidad de madurar y crecer ante una dificultad, el optimista dice en las mañanas: “¡Buenos días, Dios!”. En cambio, el pesimista dice, “¡ay, ¡Dios mío, otro día!”. el optimista encuentra una respuesta para cada problema, el pesimista ve un problema en cada respuesta; un optimista puede ver la luz donde no la hay, eso es ser optimista en Dios.