Saber perdonar para amar
Cuando perdonamos de verdad tenemos la capacidad para poder amar, si no lo hacemos nuestra mente y corazón no estarán preparados para llevar una vida plena y amar son condiciones. Dios nos enseñó en todo momento que debemos perdonar y amar, el ser humano tiende a arrastrar traumas y resentimientos y eso nos enferma el cuerpo y el alma, es por eso que debemos aprender a dejar el pasado atrás, a romper cadenas y continuar.
El perdón es algo tan grande y tan maravilloso que cura las heridas más profundas del alma y es el paso decisivo a vivir en plena libertad abriendo y dando paso al amor verdadero. Un corazón lleno de rencores y resentimientos es prisionero y no podrá vivir la verdadera paz interior. No debemos ser prisioneros del pasado, debemos avanzar y vivir en perdón y amor, somos seres pensantes con la capacidad intelectual y espiritual para lograrlo.
La alegría, amor, paz y libertad, permite una convivencia diaria con los demás y que nos lleve a buscar la perfección y alcanzar la salvación. En la medida que perdones, serás perdonado, esto es una ley de Dios que nunca debemos olvidar, también con la misma fuerza que juzgues serás juzgado, no debemos hacer nada que no queramos que nos hagan, la vida es un sube y baja y Dios nos da lecciones aprendizaje, pero sobre todo de amor.
Perdonar es no desear condenar ni hacerle daño a quien me ofendió, no es tomar justicia por mi propia cuenta, no señalar la falta del otro, sino es mirar a esa persona con amor, con esperanzas con la certeza que Dios podrá sanarla y hacerla una nueva persona, generando un verdadero cambio en su vida. Todo lo que le pidamos a Dios él nos lo dará, no solo cosas materiales si no espirituales, como aprender a perdonar, a amar, a olvidar y a avanzar para poder crecer como seres humanos.
En la cruz, Cristo dijo al Padre, “perdónalos porque no saben lo que hacen”, por lo tanto, la manera más eficaz para lograr liberar el alma es acudiendo a quienes hemos ofendido pidiendo perdón, perdonando y buscando el perdón de Dios a través de una buena confesión. Que mejor ejemplo del perdón que este que nos enseñó Jesús en la cruz, muchas veces nos cuesta perdonar a quienes nos hicieron daño, pero recordemos que si no perdonamos entonces como le vamos a pedir a Dios que nos perdone por nuestros errores.