¿Qué hacer si tú o un ser querido no recibe sanación?
La sanación corporal definitivamente es un beneficio que el sacrificio de Cristo provee, pero las Escrituras no garantizan que todo creyente será sanado cada vez que lo pide en oración. La sanación es un don de Dios que Él confiere conforme a Su criterio; no es una garantía. Es un regalo que el Dador da o retiene según Sus propósitos divinos. Finalmente, el factor determinante sobre quien recibe la sanación y quien no, es la voluntad soberana de Dios.
A veces Jesús sanaba a quien se le acercaba (Mt.12:15). En otras ocasiones sólo sanaba a una persona entre muchos enfermos. Es lo que hizo con el paralítico en el estanque de Betesda (Jn.5:1-9). Observa que había “una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua” ahí en el estanque, pero Jesús sanó sólo a un hombre (v.3). ¿Por qué no los sanó a todos? Las Escrituras no nos dicen.
En ciertas ocasiones Jesús no hizo ningún milagro ni sanación por la incredulidad de la gente (Mt.13:58). Por lo tanto, debes entender que Dios es soberano en toda sanación y es imposible tratar de entender por qué unos reciben sanación y otros no. Dios tiene Sus razones y Su propósito que está llevando a cabo en la vida de la persona enferma y en las vidas de la familia y los amigos que lo rodean. Así que ruégale a Dios y busca Su poder sanativo, encuentra un buen médico y confía en que Dios llevará a cabo Su plan.
Es importante reconocer que Dios ha proveído la sanación por medio de la muerte de Su Hijo, pero las Escrituras no garantizan que todos serán sanados. Es por esto que muchos hombres y mujeres de gran fe no reciben sanación. Considera los ejemplos de Eliseo el profeta, Pablo el apóstol, Epafrodito, el compañero de Pablo. Estos son sólo unos cuantos que Dios usó para causar un gran impacto en el mundo, pero no los sanó (2Reyes 13:14; 2Co.12:7-10; Fil.2:25-30).
Debes tener en cuenta todas las Escrituras cuando estableces tus creencias. La interpretación o la aplicación errónea de la Palabra de Dios resultarán en una gran confusión, un sentido de culpa y muchas prácticas erradas. Veamos las Escrituras que aparentan instruir que todos recibirán sanación y determinaremos el significado correcto.
Si luchas y discutes con Dios sobre la cuestión de porqué sana a unos y a otros no, tropezarás en tu fe porque no le estás dando a Dios soberanía en tu vida o en la vida de tu ser querido. No le podemos decir a Dios cómo debe hacer Sus operaciones; debemos permitir que lleve a cabo Su voluntad, cualquiera que sea. Si confías de todo corazón en la sanación divina de Dios, y aun así no la recibes, entonces tienes que concluir que Dios tiene otro propósito que Él llevará a cabo en tu vida. En ese caso debes clamar a Dios como lo hizo David, “Oye, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende…Llévame a la roca que es más alta que yo” (Salmo 61:1-2). Confía en que Él te dará la gracia suficiente para soportar esta prueba.