No permitamos que las dudas nos arruinen la fe
La buena salud de la que creíamos gozar decae súbitamente. Siendo así, ¿tomamos las mismas precauciones para permanecer “saludables en fe”? (Tito).
¿Son siempre dañinas las dudas?
Como es obvio, no todas las dudas son perjudiciales. En ocasiones hemos de mostrar cierta reticencia a aceptar un asunto hasta disponer del cuadro completo. Algunas religiones quizá nos exhorten a creer todo sin dudar, pero eso es peligroso y engañoso. Es cierto, la Biblia dice que el amor ‘cree todas las cosas’ (1 Corintios 13:7). De modo que el cristiano amoroso está presto a confiar en quienes demostraron su credibilidad en el pasado. No obstante, la Palabra de Dios también nos aconseja que no ‘pongamos fe en toda palabra’ (Proverbios 14:15). A veces, los antecedentes de alguien generan dudas razonables. “Aunque [el embaucador] haga benévola su voz —advierte la Biblia—, no creas en él.” (Proverbios 26:24, 25.)
El apóstol Juan también previene a los cristianos contra la credulidad. “No crean toda expresión inspirada —escribe—, sino prueben las expresiones inspiradas para ver si se originan de Dios.” (1 Juan 4:1.) Es posible que una “expresión”, es decir, una enseñanza u opinión, parezca provenir de Dios, pero ¿es eso cierto? Albergar ciertas dudas o resistirnos a creer algo puede ser una verdadera protección, pues el apóstol Juan dijo: “Muchos engañadores han salido al mundo” (2 Juan 7).
Dudas infundadas
En efecto, a menudo es necesario que examinemos los hechos con humildad y honestidad a fin de establecer la verdad. Sin embargo, esto no es lo mismo que permitir que crezcan en nuestra mente y corazón dudas dañinas e infundadas, que pueden arruinar creencias bien establecidas y firmes relaciones interpersonales. Se ha definido este tipo de dudas como incertidumbre en la creencia u opinión que a menudo interfiere en la toma de decisiones. ¿Recordamos cómo infectó Satanás la mente de Eva con dudas sobre Jehová? “¿Es realmente el caso que Dios ha dicho que ustedes no deben comer de todo árbol del jardín?”, preguntó (Génesis 3:1). La incertidumbre que creó mediante esta pregunta de apariencia inocente interfirió en la toma de decisiones de la mujer. Este es un método típico del Diablo. Al igual que un escritor de cartas difamatorias, Satanás es hábil en el uso de insinuaciones, verdades a medias y calumnias. Sembrando dudas perniciosas de esa manera, ha acabado con un sinnúmero de relaciones sanas en las que reinaba la confianza (Gálatas 5:7-9).
El discípulo Santiago entendió con claridad el efecto dañino de esta clase de dudas. Escribió sobre el maravilloso privilegio de tener la libertad de acudir a Dios por ayuda cuando sufrimos pruebas, pero advirtió que al hacerlo, debemos seguir “pidiendo con fe, sin dudar nada”. Las dudas en nuestra relación con Dios nos convierten en alguien “semejante a una ola del mar impelida por el viento y aventada de una parte a otra”. Nos hacemos ‘hombres indecisos, inconstantes en todos los caminos’ (Santiago 1:6, 8). Crece en nosotros la incertidumbre, y quedamos vacilantes. Entonces, como le ocurrió a Eva, nos hacemos vulnerables a toda clase de enseñanzas y filosofías demoníacas.
Mantengamos una buena salud espiritual
Por lo tanto, ¿cómo protegernos de las dudas dañinas? La respuesta es muy simple: rechacemos con firmeza la propaganda satánica y aprovechemos a plenitud las provisiones de Dios a fin de estar “sólidos en la fe” (1 Pedro 5:8-10).