Dios nos mandó a ser felices
Todos tenemos un propósito en esta tierra, pero hay uno en especial que todos debemos saber y es por el cual Dios nos mandó a este mundo, nos mandó a ser felices, a vivir en armonía con nuestros semejantes y con los animales a ser personas de bien y a ser tolerantes y buenos ciudadanos. Muchas veces podemos pensar que Él nos ha abandonado y estamos solos contra el mundo; no obstante, Dios se preocupa por su creación y siempre muestra su amor.
La felicidad es vivir con la esperanza puesta en Dios, pese a las circunstancias sean buenas o no tan buenas, una vez que aprendemos eso, no habrá problema que nos separe del amor de Dios, porque es ahí cuando entenderemos que todo tiene un propósito y Dios nos hace seres fuertes tanto físicamente como espirituales.
Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Filipenses 4:12-13
La vida sin Dios es como el día sin sol, todo es más gris, falta esa claridad que da belleza a las cosas y alegría a la vida. Con Dios encontramos siempre lo mejor de la vida, él está continuamente ofreciéndonos su gracia, su amor y su salvación. Dios tiene que ser nuestro pilar, nuestro patrón seguir, debemos ser verdaderos hijos que respeten a su padre y sus leyes, cuando hacemos caso a nuestros padres y escuchamos sus consejos nos va bien en la vida y somos personas felices y de igual manera funciona con Dios.
Se ha dicho que la felicidad se relaciona con la satisfacción con la vida, el amor, la apreciación de la vida, «Guarda sus leyes y sus mandamientos que hoy yo te prescribo, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y permanezcas largos años en la tierra que te da Yavé, tu Dios.» (Deut 4,40) No tengan ustedes la menor duda de que el camino seguro hacia la felicidad es vivir conforme a la voluntad de Dios. Y eso implica cumplir sus mandamientos.