¿Debes acudir a la sanación divina o confiar en la medicina?
Jesús les mandó a los discípulos que oraran y sanaran a los enfermos (Mt.10:8). Dios le ha conferido a Su iglesia el don de sanación para que oremos por los enfermos (1Co.12:9). El apóstol Santiago instruyó: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados” (Stg.5:14-15). Por lo tanto, debes orar y creer en la intervención divina de Dios y Su sanación. Tu primer recurso siempre debe ser rogarle a Dios que te sane. Siempre encontrarás personas que tienen el don de sanación y que querrán orar por ti. Permíteles que oren en fe por ti. Pero, tú también tienes que tener fe.
Dios quiere que confíes y creas que Él llevará a cabo Su plan durante estos momentos más difíciles de tu vida. Esto no es fácil porque tu mente socaba tu fe en la sanación divina. Así que debes luchar en la fe para permanecer firme creyendo lo que dice la Palabra de Dios que la sanación sí es posible. Pablo nos anima y nos dice: “Pelea la buena batalla de la fe” (1Tim.6:12). Tendrás que pelear la buena batalla para poder confiar en Dios cuando no entiendes lo que te está sucediendo, cuando te sientes muy mal y cuando parece que no hay esperanza.

Y entonces, ¿es una falta de fe acudir a un médico si la enfermedad continúa? ¡Seguro que no! Dios le ha conferido a la humanidad la sabiduría necesaria para tratar todo tipo de enfermedades y dolencias. Jesús no hubiera usado la analogía de un médico que cuida a los enfermos, ni tampoco se hubiera referido a sí mismo como un médico espiritual si no considerara que los médicos son esenciales para ayudar a los enfermos (Jer.8:22; Mt.9:12; Lc.4:23). El apóstol Pablo viajaba con Lucas, el médico, para que éste tratara sus muchas dolencias (Col.4:14).
Muchos creyentes sostienen que los problemas físicos de Pablo provenían de las golpizas que había recibido, y que padecía de un grave problema ocular. Mira lo que dice Pablo acerca de su condición física: “y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos” (Gá.4:14-15).
Por lo tanto, debes buscar al médico más capacitado y más atento para que provea el tratamiento para ti o para tu ser querido. Si no estás seguro del diagnóstico, busca una segunda opinión. Esta confirmará el diagnóstico y te dará discernimiento para tu tratamiento. Considera las opciones que tu médico te propone y toda la información disponible para escoger tu tratamiento.
Las Escrituras claramente demuestran que Dios quiere sanar a la gente para revelar Su poder.