La ley de Dios es el amor - Vivo en feVivo en fe
La ley de Dios es el amor

La ley de Dios es el amor

“Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado; Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.”— Éxodo 19:7,8

Las Escrituras muestran claramente que esos mandamientos fueron dados exclusivamente a esa nación y a ninguna otra. Por eso Dios pudo decirle: “Eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra. “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; Porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdote, y gente santa”. Esa sería la recompensa que les guardaría si lo obedecían a Jehová, mientras el resto de la humanidad quedó excluido de este arreglo. —Deuteronomio 14:2; Éxodo 19:5,6

El apóstol Pablo, quien era judío de nacimiento y gran conocedor de la ley dejó bien en claro la diferencia que existió entre la nación de Israel bajo Moisés y la Iglesia de Cristo al decir que Jesús fue un “hijo” en “su casa” y no un “siervo”. El texto también llama la atención al hecho de que nosotros somos parte de esa casa. Nos preguntamos: ¿somos nosotros también hijos en esa casa? (Hebreos 3:6.) La respuesta nos la da el apóstol Juan. Leamos lo que nos tiene que decir el último escritor de la Biblia: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Pablo pudo confirmar eso cuando escribió lo siguiente: “pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiesen a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”—Gálatas 4:4,5

Jesús nos libró de la esclavitud a la ley dándonos la libertad que corresponde a los hijos de Dios. (Romanos 8:21) Las escrituras muestran concluyentemente que los judíos que reconocieron su incapacidad e impotencia para cumplir con los preceptos de la ley y desearon simbolizar su deseo de ser limpiados de sus pecados y transgresiones por medio de ser bautizados por Juan, habrían de ser transformados y convertidos en nuevas criaturas. La congregación o iglesia cristiana es una “casa” compuesta por “hijos de Dios” que no necesitan de una ley explícita y compulsiva como le dio a Israel que les exigía obedecer y amar a Dios. —Romanos 8:9

 

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