Conecta con tu interior
Lo primero que tienes que tener claro es que todo pecado fue perdonado en la cruz, para aquellos que pertenecen a Cristo. Cuando Jesús dijo, “Consumado es. Juan 19:30. Él aseguró que el castigo por todos los pecados fue pagado en su totalidad.
Sin embargo, hay una condición para que Dios perdone el pecado. El hombre debe venir a Dios únicamente a través de Jesucristo. “Jesús dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 14:6
El perdón de Dios está disponible para todo el que venga a Él Juan 3:16 pero para aquellos que no creen en el Señor Jesucristo, no hay perdón ni remisión de pecados. Por tanto, los únicos pecados que Dios no perdonará en esta era de la gracia, son los pecados de aquellos que mueren sin antes haber puesto su fe en Jesucristo. Si una persona pasa por la vida aquí en la tierra, y nunca aprovecha la provisión que Dios ha hecho a través del Señor Jesucristo, pasará la eternidad separado de Dios y por lo tanto, sin haber sido perdonado.

El “Si” al principio de 1 Juan 1:8 y 1:9 es una tercera clase de “si” en el griego, y significa “tal vez si, tal vez no.” Aquí hay una condición; si “confesamos.” Esta palabra en el griego es homologia, que significa “decir la misma cosa, o citar el caso.” Homo significa “mismo” y logia significa “palabra.” Significa que concordamos con Dios en que hemos pecado. Pero todos los pecados fueron perdonados en la cruz, y como creyentes nacidos de nuevo, todos nuestros pecados han sido perdonados. Y porque ese es un hecho legal, necesitamos caminar en luz y en comunión, porque esa es nuestra posición en Cristo Jesús. “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” 1 Juan 1:7. Eso no nos da una licencia para seguir pecando. Antes bien, los creyentes nacidos de nuevo que están caminando en luz y comunión con Dios, serán prontos para confesar su pecado, para mantener una continua y clara comunión con el Señor.
La Biblia nos dice que «… no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.»(Hebreos 4.15-16).
Esto significa que el mismo Jesús que fue a la cruz en lugar de nosotros para pagar el precio por todos nuestros pecados, pasados, presentes y futuros, ahora está sentado a la derecha de Dios Padre intercediendo todo el tiempo por nosotros. Es como si fuera nuestro abogado defensor, que siempre nos comprende y nos abre el camino hacia el perdón de Dios.
El Espíritu Santo vino a nosotros como el consolador para terminar la obra de Cristo en nuestras vidas.
Es el Espíritu Santo quién nos revela en nuestro interior la necesidad de arrepentimiento y nos dirige la atención (o más específicamente la fe) hacia Cristo. Entonces blasfemar en su contra es justamente no arrepentirnos de nuestros pecados y no confiar en el regalo de la cruz provisto por Cristo.
Dicho bien directo: blasfemar contra el Espíritu Santo es negar nuestra necesidad de arrepentimiento y no tener fe en Jesús, y esto nos priva del perdón de Dios.