Alimentemos el alma y el cuerpo
Nacemos seres humanos y a lo largo de nuestra vida hay que alimentarnos al completo: mente, cuerpo, espíritu, hasta convertirnos en personas en toda la extensión de la palabra. La manera en que comemos está muy relacionada con nuestras emociones y estado de ánimo. Cuando sentimos perder el control, nos dejamos llevar por la tristeza, etc. generalmente acudimos a la comida como una escapatoria.
Todos los seres humanos somos cuerpo, mente y espíritu por lo que hay que alimentar y cuidar a estas partes de mi ser de manera integral. Un espíritu fuerte nos da la capacidad de enfrentar cualquier desbalance a nivel físico y mental, debemos tener la capacidad de llevar una vida balanceada y buscar las cosas saludables tanto para nuestra mente como para nuestro espíritu.
Entre más trabajemos por alimentar a nuestro espíritu de lo que le corresponde tendremos un alma más fina, delicada y libre. Esto hará alcanzable nuestro desarrollo espiritual y por ende nuestra relación con Dios será cada día mejor y más fuertes, debemos de ser buenos hijos y enseñar a nuestros familiares y amigos la importancia de ser personas de bien.
Mediante la lectura de la Biblia, la Santa Palabra de Dios, la cual fue escrita mediante inspiración del Espíritu Santo de Dios y que por lo tanto alimenta nuestro espíritu y nuestro entendimiento. Personalmente hablando muchas veces he leído la Palabra con atención y queriendo saber más de Dios.
La mejor manera de tener vigor y salud es mantener una dieta equilibrada y realizar buen ejercicio. Nuestro cuerpo, cada día, necesita de los alimentos para fortalecerse. La falta de ellos puede originar debilidad y enfermedad. Hay personas que se ocupan mucho de su cuerpo exterior, pero descuidan su ser espiritual, que igual al exterior debe ser cuidado y alimentado. Ser fuerte físicamente no significa serlo espiritualmente. Nuestro espíritu requiere cada día del alimento diseñado por Dios para fortalecerse.