Dios está ejerciendo Su derecho soberano en Su reino para llevar a cabo Sus propósitos. El apóstol Juan explicó que el Señor tiene un requisito esencial para conceder una petición: “Esta es la confianza que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye” (1Jn. 5:14). Aún Jesús cuando estaba en este mundo, oró: “Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya” (Lucas 22:42). Hay muchas cosas que pedimos que no son la voluntad de Dios. Por ejemplo, cuando Pablo le pidió a Dios que le quitara el aguijón, lo cual la mayoría de la gente cree que se trataba de una enfermedad física, Dios dijo que no. Pablo explicó lo que sucedió: “respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2Cor.12:8-9). Es posible que Dios no te conceda tu petición porque Él quiere hacer algo diferente.
En otras ocasiones, Dios se niega a conceder tu petición porque no es el momento oportuno.
Dios no le concedió el hijo prometido a Abraham de inmediato porque no era el momento que Él había escogido. Dios dijo. “yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene” (Gén.17:21). Dios le volvió a prometer a Abraham: “Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo” (Gén.18:14). Fíjate que el cumplimiento de la promesa de Dios tenía una fecha fija. Las Escrituras declararon el cumplimiento: “Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho” (Gén.21:2). Por lo tanto, sométete a la fecha escogida por Dios y confía en que Él sabe exactamente lo que está haciendo.
A veces Dios te niega la petición porque no tienes la actitud debida en tu corazón. ¿Cómo sabes si tu actitud no es buena?

Santiago instruyó que si nuestros corazones dudan del Señor, esto nos impedirá recibir de Él: “si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:5-7). Por lo tanto, tienes que estar seguro de que tu corazón confía completamente en el Señor.
Santiago también instruyó que nuestra petición podría tener malas intenciones y esto también nos impedirá recibir de Dios: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Así que, examina tus intenciones.
Jesús declaró que algunas personas se acercan a Él en oración con un corazón altanero y censurista. Mira lo que Jesús instruyó, “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:9-14). Por lo tanto, debes estar seguro de que tienes un corazón humilde y recto delante de Dios.