La incredulidad es una consecuencia del pecado. La incredulidad es el cemento que endurece un corazón para no creer en algo o en alguien. La incredulidad surgió junto con el mal cuando el hombre cambió la fe por la razón. La incredulidad se origina en las personas cuando creemos que Dios es hombre como nosotros, o sea, cuando lo reducimos a nuestra humanidad.
Si llevamos la incredulidad al ámbito natural nos damos cuenta que tenemos muchas razones para no creer en los hombres a causa de sus mentiras y engaños, pero Dios es un caso totalmente distinto, Dios no miente ni tampoco engaña, a muchas personas se le hace difícil creerle a Dios porque piensan que Dios es hombre, cargado de faltas y errores.
Tu confianza crecerá a medida que crece tu relación con Dios
Es difícil creer o confiar en alguien que aún no conocemos esta es otra causa por la cual muchos no creen en Dios, por eso, la grandeza de nuestra fe dependerá del conocimiento revelado que tengamos de Dios. Mayormente la desconfianza viene a nosotros cuando alguien nos miente y nos falla continuamente, cuando alguien nos traiciona, como resultado de estas faltas se origina la desconfianza. Cuando conocemos a Dios nos damos cuenta que él es perfecto y que no hay maldad ni engaño en su corazón por lo tanto él nunca nos fallará y todo obrará para nuestro bien.

Consecuencias de la incredulidad en nuestras vidas
Características de un incrédulo
Cuando cerramos las puertas a la fe las dudas nos visitarán y entrarán sin permiso.
Oración: Señor ayúdame a lidiar con la incredulidad, enséñame a conocerte más para confiar totalmente en ti sin peros ni pretextos, perdóname las veces que me mandaste a hacer algo por fe que no obedecí por incredulidad y detuve tu mover en ese momento, en el nombre de Jesús soy libre, amén.